El trabajo en la construcción tiene una característica, siempre es a término. Ya sea porque se termina la obra o porque se termina el trabajo de determinado oficio. En los últimos días hemos debido prescindir del herrero y del carpintero, ya no hay mas hierro para armar ni encofrados para hacer, son etapas quemadas. Dicho así, no es mas que un razonamiento lógico y frío, pero resulta que estos obreros son personas, tienen nombre, y han trabajado en forma honesta, sacrificada y humilde, se ganaron así, el cariño de todos los cooperativistas. Son Almeida y Solís, dos gladiadores inclaudicables a quienes estaremos siempre agradecidos. El sábado pasado, en oportunidad de juntarnos para celebrar un nuevo aniversario de la fundación de Inchalá, tuvimos oportunidad de abrazar y despedir a Solís, un tipo especial, con una sensibilidad rara de ver en un laburante de la construcción, pero un duro a la vez. A ambos los hemos visto calcinarse sobre las losas bajo el sol implacable del verano, y soportar el durísimo invierno con frío y viento, en lo mas alto de la estructura, y siempre con una sonrisa pronta, siempre con buena onda. Aquí, unos testimonios gráficos de esa noche. A Almeida y a Solís: aplausos, solo aplausos. (Y pagarles, claro)
18/08/2007
El VCP cantó flor en dos patadas, la nº 10 resiste.

Solís con el celular que le regalamos.

Cortando la torta.

Con Carlitos, su leal lugarteniente.
El último cumpleaños de la cope en obra. Salú.

La humildad en persona

Con la banda loca.

Y con las nenas también.